David de las Heras

Mientras escribimos esto suena Here We Go Magic, como sonaba la mañana que visitamos la casa/taller de David de las Heras, vasco de nacimiento, catalán de acogida y, desde hace unos meses, un gato más en Madrid. 
Aunque de pequeño la película Llamaradas le marcó tanto como para querer ser bombero, y a pesar de que conserva ese alma valiente de la profesión, el asma le hizo tomar otro camino. Sentía una enorme necesidad de expresarse. Con pocos años ya dibujaba en las servilletas del restaurante de su padre, de quien habla con admiración por ser un gran currante y del que absorbió el amor por la pintura y el arte. Siempre se sintió un bicho raro hasta que comenzó Bachillerato Artístico, allí conoció gente con sus mismas inquietudes y, posteriormente, estudió Bellas Artes.

Las obras de las que nos habla con más emoción son La Metamorfosis del joven Gregory y La Nube Roja, que pintó en el momento en el que decidió ser más sincero consigo mismo y con lo que sentía. “Significa el odio, el amor, el sentirse único pero también parte de las otras nubes. Lo volátil. Esa nube solo existe ahí, no podrás verla en otra parte. Encontré todo lo que necesitaba expresar con una sola imagen”.

A veces recibe encargos en los que tiene tan solo unas horas para trabajar, es entonces cuando se sienta a desayunar  y no para de darle vueltas hasta que sale con una idea, un boceto, y una ilustración final. Cuando no es así confiesa no poder dejar de lado su trabajo personal: “es lo que me salva, lo que verdaderamente me hace feliz, lo que hace que sobreviva emocionalmente hablando”. Intentamos que nos diga con qué técnica se quedaría pero la simple idea de tener que decidir le pone triste, se siente cómodo con el óleo pero no podría quedarse solamente con una.

La curiosidad nos mata, y necesitamos saber cómo es James Rhodes en las distancias cortas. David se siente feliz de haber podido ilustrar la portada del libro Instrumental, uno de los más vendidos y alabados en 2016. “Cuando me lo presentaron y supo quién era me dio un abrazo enorme y me dio las gracias, me dijo que era un genio” – se ríe -. “Tal vez por lo que sufrió, su carácter es muy reservado, pero es un hombre muy agradable. Quería que su mirada lo transmitiese todo, que fuese directa y oscura, y creo haberlo conseguido”.  Nosotros también lo creemos.

Admira al fotógrafo cubano Felix González Torres y nos habla con pasión de él. “Su obra habla de las relaciones humanas, de la muerte y la pérdida pero con elementos que en principio no relacionarías con algo trágico.” Es el caso de “Untitled (Portrait of Ross in L.A.)”, una montaña de caramelos que representa el peso de la pareja del artista, y el vacío tras su muerte.

También nos recomienda la serie The Wire, se considera fiel seguidor de The Walking Dead y en su mesilla podemos ver el libro Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago. Confiesa que fue el libro que le hizo empezar con la lectura.

Sigue sonando Here We Go Magic, igual que cuando nos despedimos. Tras contarnos (en petit comité) algunos de sus próximos proyectos nos marchamos con la seguridad de que David conseguirá todo lo que se proponga… menos lo de ser bombero, claro. Gracias por recibirnos y por la mañana tan agradable que pasamos contigo.

Texto y fotos por Laura Peláez.

Coco Dávez

Valeria es madrileña y, como Coco Dávez, se ha hecho un hueco en el panorama artístico español.


En una calle de la preciosa zona de Las Salesas, Valeria nos abre las puertas de su estudio, sonriente y vestida de rojo.
Formó parte de la generación del Fotolog y MySpace y, desde entonces, firma sus obras como Coco Dávez. La Valeria de 15 años quería ser diseñadora de moda y pensó que su nombre no tendría éxito, así que sumó a Coco (no por Chanel, sino por Barrio Sésamo) un apellido que surgió hablando con un amigo suyo llamado David. Su nombre artístico está tan presente en su vida que incluso parte de su familia ya ha pasado a llamarle así. “Me llevo muy bien con Coco, pero es sólo una parte de mí”.


Si no se dedicase al arte se dedicaría a la enseñanza. “Disfruto mucho dando cursos, con el paso de los años me he dado cuenta de que me gusta mucho enseñar”.
Un día normal en su vida consiste en “pintar, pero no todo lo que me gustaría, no tengo tiempo. También hago fotos del estudio, de mis trabajos, creo packaging y etiquetas, respondo mails y paso muchas horas delante del ordenador. Las redes sociales me han ayudado muchísimo, el cariño de la gente me da la motivación que necesito cada día. Me gusta dedicarle un rato a mi Instagram y responder a todo el mundo”.

Valeria siempre supo que se dedicaría al arte. Siendo pequeña, pedía cuadernos a sus padres y en ellos dibujaba cómics. “Fui a una playa nudista y ese verano dibujé la vida normal pero con gente desnuda. Me encantaría recuperar aquellas páginas, mi padre incluso se hizo una camiseta con uno de los dibujos” -dice partiéndose de risa-. “También hacía revistas, las dibujaba desde cero y me inventaba entrevistas e incluso mis propias secciones. Siempre me ha gustado crear cosas nuevas y jugar con el papel”.

Con 21 años viajó a Londres y vivió allí una temporada. Esa experiencia le marcó de tal manera que, a partir de entonces, supo que siempre se dedicaría a esto.

collar de Julieta Álvarez

Sueña con exponer en el MoMA, y le encantaría que David Lynch o Patti Smith tuviesen una de sus pinturas en la pared de su casa. En cuanto a sus referentes confiesa que cambian según el momento en el que se encuentre, actualmente le encantan Matisse y Yayoi Kusama. Pero quizás su mayor referente sea Picasso.

Planea sacar una colección de ropa y, a principios de 2018 o finales de 2017 publicará un libro.
Te deseamos lo mejor y te damos las gracias por ser tan agradable con nosotros.

Fotos y texto por Laura Peláez.

Pakita Clamores

Sara nació en Avilés, hace seis años que vive en Madrid, y pone amor del bueno en todo lo que hace.

Visitamos su casa un martes 13 en el que parece que todo está saliendo torcido, pero al entrar los colores vivos y las cosas bonitas nos tranquilizan. Allí nada puede ir mal. Foofy, su adorable gato, nos recibe en la entrada y Sara nos cuenta que su nombre es un homenaje al grupo de música Foo Fighters e, inmediatamente después, surge la pregunta: ¿por qué Pakita Clamores?. “Me gusta mucho el tema del folclore, me encantaba Lola Flores, y buscaba un nombre de folclórica. La mejor amiga de mi abuela se llama Paquita y después vino el Clamores, pensé que quedaban bien juntos. Me dicen que tengo cara de Lola, mi madre siempre dice que se confundió poniéndome a mí Sara y a mi hermana Lola, que debía haber sido al revés”, dice entre risas.

Tras estudiar Historia del Arte, Sara cursó un Master en Tasación de Obras de Arte y se mudó a Brighton, donde vivió una temporada estudiando inglés pero el clima, entre otras cosas, hizo que volviese a España. Llegó a Madrid y trabajó en tiendas de ropa pero, poco después, su marca nació. Comenzó haciendo collares y pintando directamente en bolsas de tela. Un día dos amigas suyas le animaron a plasmar sus diseños en camisetas, confiesa que tenía miedo, que pensaba que nadie más que ellas querrían comprar algo suyo, pero se sorprendió. Lo que hacía gustaba, y se lanzó de lleno. Tras los bolsos y las camisetas vinieron sudaderas, cojines, láminas, calendarios…

Siempre realiza sus bocetos en papel y, después, los pasa a digital. Guarda en una carpeta su primer dibujo y sonríe al enseñárnoslo.

Hoy en día cuenta con clientes fieles y casi 26.000 seguidores en su cuenta de Instagram, plataforma que confiesa haberle sido de gran ayuda. La interacción con la gente y la libertad creativa han ayudado mucho a posicionar su marca. Además también trabaja en colaboración con otras marcas creando diseños propios.

Asturias y su amor por el mar son evidentes en sus obras, también le inspiran los tatuajes y, sobre todo, viajar. “Cuando viajas ves caras nuevas, todo es distinto. Siempre vuelvo con las pilas cargadas y con diseños en la cabeza”.

Su familia, sobre todo su madre (profesora de cerámica), siempre la apoyó en este viaje. Nos cuenta que, de no haber sido artista, trabajaría en una librería o en una floristería rodeada de cosas bonitas. Le pedimos que nos recomiende un libro y sin dudarlo responde “Brooklyn Follies, de Paul Auster. Es uno de los últimos que he leído y me ha encantado”.

Nos habla con pasión de la Bauhaus, de artistas como Paul Kleen o Kandinsky, y sueña con, algún día, poder exponer su obra en Londres. “Es una ciudad llena de museos, de salas de exposiciones y con una amplia oferta cultural, la visito cada año y cada vez que voy me gusta más. Si no fuese tan cara…”. También guarda en un rinconcito de su corazón a Frida Kahlo, aunque como ella misma nos dice tiene “una relación de amor-odio con ella”. Piensa que la han convertido en una cara demasiado comercial y que su esencia se ha perdido por el camino, aún así le apasiona su historia y su trabajo. No podríamos estar más de acuerdo con ella.

Gracias Sara (¡y gracias, Foofy!) por abrirnos las puertas de tu casa. Te deseamos toda la suerte del mundo, aunque estamos seguros de que no la necesitarás.

Texto y fotos por Laura Peláez.

Jose A. Roda

Nació en Cornellà de Llobregat en 1987 pero lleva tres años viviendo en Madrid y, como él mismo dice: hace dibujos.

Ha salido el sol en Madrid después de una lista interminable de días grises y lluviosos, así que sabemos que Jose tiene algo que ver en todo esto. Quedamos a tomar un café en un pequeño y acogedor bar del centro de la ciudad, y con cinco minutos nos basta para saber que efectivamente no ha sido casualidad: su energía es luz.

Como muchos de los que vivimos en la capital, Jose no es madrileño, pero reconoce que ya piensa en Madrid como su propio hogar. Aunque no todo fue tan fácil al principio. “Cuando llegas crees que la ciudad estará ahí para ti, que se abrirán un montón de puertas, pero estás equivocado, hay que luchar mucho”.

Amante del barrio de Malasaña, su intención al llegar fue mudarse a alguna de sus calles. No muy lejos de allí nos abre las puertas de su casa y, en seguida, sentimos que estamos en un lugar especial. Las ilustraciones llenan las paredes y sus colores carácterísticos, azul, rojo y amarillo, predominan por todas partes.

Cuando le preguntamos el porqué de esa paleta de colores nos cuenta: “me gusta mucho lo infantil, los colores primarios. Me parece que los críos son lo más especial que existe, no están condicionados a nada. La gente mayor me aburre. Me parece fatal el mundo adulto.”

Jose pone música. Suenan los Carpenters y nos sentimos como en casa.
Nos fijamos en su última obra, las “Roda Dolls”, unas pequeñas y coloridas muñecas de madera. “Intento que mi obra sea parte de un juego. Los juguetes antiguos me parecen algo muy cercano al arte y a la artesanía, que es lo que me interesa”. Todo esto nos cuadra cuando al preguntarle qué haría de no ser artista nos contesta que sería panadero, o cualquier otro oficio en el que haya que usar las manos.

Conocimos la obra de Roda con sus retratos de personajes famosos como los de las chicas Almodóvar, pero somos testigos de que su trabajo ha evolucionado y él mismo reconoce que, aunque tiene mucho cariño a esas ilustraciones, ha logrado encontrar un lenguaje propio, por lo que ya no necesita “trabajar en algo que ya ha sido creado”. Juega con la asimetría dando un carácter distinto a cada una de sus chicas, se vuelve un poco loco y nos repite que, para él, es como jugar.

“¿Por qué no dibujas chicos?”, y riéndose nos contesta: “¡no me salen! No lo puedo explicar, los dibujo y no los veo bonitos.”

Sabemos que las cosas están difíciles en estos momentos, y el panorama artístico no es una excepción. Jose acepta de vez en cuando “trabajos alimenticios” pero sigue trabajando duro y, nunca esta expresión fue más acertada, “por amor al arte”. Se divierte creando, y eso se nota, y no para quieto ni un momento. Le cuesta desconectar y a veces se sorprende levantándose a las tantas de la mañana con una nueva idea.

Nos despide con un abrazo y nos llevamos con nosotros una sensación muy clara: este chico va a llegar muy lejos.
¡Gracias por todo, Jose!

Texto y fotos por Laura Peláez.

Julieta Aytas

Nació en Argentina, en 2001 llegó a Madrid. Actualmente Julieta Aytas es pintora, joyera, ilustradora y diseñadora en su taller “El taller en Blanco” y profesora de diseño y joyería.

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Por qué te mudaste a Lavapiés?

Después de un tiempo viviendo en Madrid, mi chico y yo decidimos buscar un nuevo espacio para hacer una casa-taller. Queríamos un local para poder transformarlo en casa pero que a la vez fuese el espacio donde yo trabajaría. Buscando, vimos que en este barrio había muchos locales que se habían transformado en casas donde se hacían actividades y parecía más permisivo. Si nos íbamos al barrio de Salamanca, un local no iba a pegar mucho con nuestro estilo.

¿Y dónde viviste al principio?

En Malasaña. Otra opción era esa, al buscar un barrio más permisivo, alternativo, para este tipo de vida… pero nos parecía un poco de mentira. Este barrio tiene una cosa más original. Está muy bien comunicado y te da la oportunidad de conocer a mucha gente. Sales a la calle y conoces gente. Vas a un bar, comentas que haces una actividad, y de repente la gente se prende a preguntarte cosas y dicen que se lo van a decir a su prima, o a su tía… Enseguida están en mi casa pidiéndome trabajos. Me hice muchos amigos del barrio.

¿Cómo te enteraste de la existencia de “Los

Artistas del Barrio”?

Por otras amigas artistas que participaban y lo publicaron en Facebook. Me metí en la web para ver cuáles eran las condiciones para participar y les escribí. Me contestaron que estaba un poquito fuera de plazo pero que iban a ver si me podían agregar. Finalmente, muy amablemente, ¡sí, me agregaron! [se ríe]. Incluso pudieron meterme en el catálogo y fue una alegría.

Justo para esa edición de Los Artistas del Barrio estaba terminando mi estadía en este taller, era un espacio un poquito frio. El proyecto era muy romántico, construir una casa dentro de un local, pero tenía sus inconvenientes. El ruido especialmente, no podíamos dormir. Era muy bonito porque tenía 3 veces el espacio que tengo ahora y podía trabajar mucho volumen, pero tuvimos que mudarnos. Alargué un poco el plazo para quedarme en el taller durante Los Artistas del Barrio y decirle a la gente: ” esto era mi espacio de trabajo, aquí producía mis dibujos y mis complementos y ahora me mudo a otro sitio.”

¿En qué dirección estaba este espacio?

Era en la calle Zurita 23, ahora han reformado el espacio y creo que hay una sala de teatro.


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“Si nos íbamos al barrio de Salamanca, un local no iba a pegar mucho con nuestro estilo”


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Los Artistas del Barrio da al público la oportunidad de conocer al artista. ¿Cuál es el interés para ti de conocer al público, de charlar con él?

Es impresionantemente lindo. En cada cosa que hago, y como todos los artistas creo, ponemos un poquito de nuestra personalidad. Ver que alguien se emociona, o que le gusta, o que te da un comentario, o que de repente ve un dibujo y le representa algo de su vida, o que un día te compren una cosa y te llamen después de un año pidiéndote el original de un cuadro porque les gustó y lo quieren en su casa… no tiene explicación, es una cosa muy bonita. Y eso me hace crecer. Hay momentos que no tengo ferias o no tengo actividades donde pueda interactuar con mi

público, con la gente que compra o que ve mi trabajo. Tengo tiendas, puntos de venta donde venden mis cosas y veo que gustan porque se acaban y que tengo que reponer. Eso quiere decir que mi producto funciona. Pero también es bonito ver qué te está contando una persona que te compra una cosa hecha a mano, un cuadro, una joya o un bolso, lo que sea. Te cuentan que compran este cuadro porque les recuerda a su tía o porque les recuerda a un viaje o porque un dibujo les transmite paz. Y a la vez te hacen crecer porque te comentan, te “critican” en un buen sentido. Por ejemplo, que si la cadena de este colgante fuera más larga, o más corta, más fina, o si usaras tal o tal color. Me dan pistas sobre lo que tengo que hacer después para que sigan siendo fans de Julieta.

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“Te cuentan que compran este cuadro porque les recuerda a su tía o porque les recuerda a un viaje o porque un dibujo les transmite paz”


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¿Tienes alguna anécdota que contarnos sobre tu experiencia en Los Artistas del Barrio?

En la última edición en la que participé, con mi compañera, armamos una exposición dentro de la escuela. Hice una exposición de colgantes que son ventanas, inspirándome en las ventanas que hay en Lavapiés. La ventana para mí representaba un poco la persona: cómo cada uno de nosotros vemos la vida, qué transmitimos, qué hay para dentro y para fuera. Cada ventana o cada persona es diferente, por lo cual unas ventanas eran más orientales, otras más con balcón y con flores…

En esta edición no tuvimos muchas visitas pero nos dio la oportunidad de hacer lo que no pude hacer en la edición anterior, ir como visitante a talleres. Descubrí que hay muchos talleres impresionantes en Lavapiés, desde talleres de grabado hasta gente que hace música. Y cada vez hay más, más ceramistas, más gente que viene aquí para trabajar. Vivo en una calle que está llena de galerías. No sé la

razón, pero intuyo que este barrio se va a convertir más adelante en lo que es el barrio de las Letras, como una prolongación. Ya veremos dentro de 10 años. Estamos al lado del Reina Sofía, de la Casa Encendida y de un montón de centros culturales que interesan al turista joven. Yo, como artista, cuando voy a Berlín o a otra ciudad, lo que busco es arte; y no la galería de arte en la que a lo mejor ni siquiera puedo entrar, busco gente de verdad, que hacen cosas de verdad y que te pueden transmitir su vivencia. Me parece que esto está pasando también aquí. Que podamos abrir las puertas y mostrarnos es muy bonito porque no mucha gente nos da esta oportunidad. Sabrán lo difícil que es como artista buscarse la vida, en el sentido de mostrarse, “esto es lo que yo hago y así me expreso”. No todo el mundo es suelto, hay gente que es muy tímida para enseñar su trabajo y este tipo de cosas nos quitan estos límites.

¿Vives de tu arte?

Sí, al 100 %.

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“Busco gente de verdad, que hacen cosas de verdad y que te pueden transmitir su vivencia”


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5 preguntas a Julieta Aytas


¿Qué obra de arte ya existente te hubiera gustado haber hecho?

Me encanta Klimt, cualquier mujer de la que él haya representado me parecen preciosas.

¿Qué gran proyecto tienes en el cajón y todavía no has sacado?

Una escuela. Es algo que empecé a proyectar desde que entré en la escuela de Bellas Artes. Estudié Bellas Artes con Magisterio por lo que pude ver la importancia de la enseñanza artística en las personas. Veo también el proceso terapéutico que tiene, lo veo en mis alumnas, veo cómo, con lo poco que puedo ofrecerles, les cambia la vida. Un taller escuela es un proyecto que me encantaría realizar.

Tienes una máquina para viajar en el pasado, ¿qué época te gustaría visitar?

La antigua Grecia porque nace todo allí: el arte, la filosofía, el trato humano de otra manera, los conceptos éticos, la divinidad… muchas cosas. Es una época muy sabia en la historia que desafortunadamente con otras invasiones se fue transformando.

Si tuvieras que dejar tu disciplina por otra, ¿cuál sería?

Bailar, [se ríe] definitivamente. Fui a clase de pequeña y un poco de mayor también. Es una forma de expresión muy bonita.

¿La última obra, libro, canción, peli que te gustó…?

El último disco que compramos, me gustó mucho y me parece interesante: Shook Twins, “What We Do”.

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” Pude ver la importancia de la enseñanza artística en las personas”


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Entrevista por Sébastien Rouyet – Fotos por Yves Aguilar

Le Frère

Artista madrileño formado en Bellas Artes entre la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Guadalajara (Jalisco México). El trabajo de Le Frère es una constante reflexión acerca de su propia identidad (como ciudadano y como artista) dentro de la realidad social, política y geográfica que le toca vivir. La cotidianidad, a través de la ironía y el sarcasmo, es el punto de partida principal de sus trabajos. www.lefrere.es

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¿Es cierto que te mudaste a Lavapiés para participar en Los Artistas del Barrio?

Sí, por supuesto, me mudé hace poco sólo por eso, para poder participar en Los Artistas del Barrio. Mi vida gira entorno a este proyecto, cambié el trabajo, mi hogar… todo por venir y participar en esto. Sólo he participado una vez pero es como si hubiera participado siempre.

Fue por mi colega Patricia Mateo que acabé aquí, ella me llamó y me propuso participar. Yo ya conocía la idea y me fascinaba, por supuesto dije que sí: “esto lo peta”. Patricia nos ofreció su espacio a varios artistas, todos teníamos algún punto en común, coincidíamos en una visión más irónica o sarcástica, nos reunimos todos para hacer una propuesta conjunta, ver las obras que tuvieran relación, unificamos

criterios, decidimos cómo colocarnos y el resultado fue genial, una experiencia increíble.

¿Por qué increíble?

Increíble porque pudimos tener la posibilidad de contactar con el público y que viniera a hablar con nosotros, charlar de primera mano sobre lo que hacíamos, interaccionar directamente, que nos preguntara o nos diera su opinión, explicar el porqué. Siempre es bonito conocer de primera mano la sensación que algo da, ver el impacto que tiene lo que haces, si gusta, si no gusta, las dos cosas. Lo que yo hago es para el espectador, pienso que sin ellos nosotros no existiríamos. Mi obra busca hacer un “clic” en su interior, generar una respuesta, una reacción, y si consigues conocerla de su propia voz, es algo redondo, es lo más, lo máximo.

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“Siempre es bonito conocer de primera mano la sensación que algo da, ver el impacto que tiene lo que haces”


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Cuéntanos una anécdota que te haya pasado en Los Artistas del Barrio.

Más que anécdota es una cosa que me gustó mucho experimentar: la sensación de saber que no me conocía nadie. Mi nombre, “Le Frere”, es indeterminado, aunque en francés significa el hermano, en castellano tiene un género neutro por la “e” y saber que nadie me ubicaba, no estar definido, ni física ni sexualmente me hacía poder pasar desapercibido entre los visitantes, escucharles comentar, oír esa opinión sincera, de primera mano. Eso me gustó, no tenían que hacerte la

pelota; lo bueno era cuando después, al rato, me acercaba a hablar con ellos y se quedaban sorprendidos: “eres el autor”.

También recuerdo que me cansé mucho, porque continuamente venía gente, riadas de personas, y yo quería salir en algún momento a ver a otros artistas pero no podía y todo era como un bucle, observar, hablar… Recuerdo una vez que me escapé, me gustó mucho ver a la gente por el barrio con sus guías, sus libros, señalando con el dedo en sus mapas, “por aquí, por allá”, era un poco como los guiris en Madrid.

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“No estar definido, ni física ni sexualmente me hacía poder pasar desapercibido entre los visitantes”


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5 preguntas a Le Frère


¿Qué obra de arte ya existente te hubiera gustado hacer?

El urinario de Marcel Duchamp, porque es un parte aguas en el arte. Supuso un antes y un después, estableció y puso la base de lo que es hoy el arte. Él se arriesgó y lo lanzó, fue muy punki, es el puto amo.

Un proyecto que tengas guardado en el cajón, que esté aún por salir.

Tengo uno guardado desde hace años que me encanta, de dibujos efímeros con bacterias y que habla de la vida en un beso y de un beso a través de las bacterias de nuestro cuerpo.

¿Qué otra disciplina te hubiera gustado desarrollar?

La Historia, sería historiador, me encanta.

Elige una película, libro o disco que sea importante para ti.

El primer disco de los Hives. La canción de “Come on!”, entre otras, me encantó. Lo busqué en internet y me lo descargué.

Si tuviéramos una máquina del tiempo, ¿en qué otra época, o siglo, te hubiera gustado vivir?

Primero en el Neolítico cuando todo estaba empezando, luego en la Edad de Bronce, cuando comienzan las primeras ciudades, también en la época de las Polis griegas, y en la época de las Vanguardias en Francia, a principios de los años 20. Ese momento está muy idealizado, era la época en la que la peña se moría de hambre y todos eran unos putos desgraciados pero con ganas de cambiar las cosas; surge el dadaismo, el cubismo. Otro momento que también me hubiera gustado es el de la Movida madrileña, esa época me flipó, la viví pero de pequeño, me hubiera gustado estar allí teniendo unos años más, no sé si aún estaría vivo. En general todos los momentos de cambios fuertes me gustan mucho.

 

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“La época de la Movida madrileña me flipó, la viví pero de pequeño, me hubiera gustado estar allí teniendo unos años más, no sé si aún estaría vivo”


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Entrevista por Sébastien Rouyet – Fotos por Carlotta Escribano

Sara Oblišar

Nacida en Sombor, Serbia 1978. Vive y trabaja en Madrid desde 2006, donde está realizando su tesis doctoral. Desde 2010 tiene su academia de dibujo y pintura “El reino S”. Tiene su taller en el Espacio Mediodía, calle Mediodía Chica en La Latina. saraoblisar.com

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El hecho de que tu taller esté en La Latina, ¿es una elección o casualidad?

Soy de Sombor, una pequeña ciudad de 100 mil habitantes en el norte de Serbia con mucha cultura. En ella viven muchísimos artistas y es famosa por sus pintores. Hice la carrera en Belgrado y vine a Madrid para hacer el doctorado. Es verdad que Serbia no está muy bien actualmente a nivel económico y político pero el arte sí que vive. Los artistas exponen mucho, incluso les pagan para exponer. Yo llegué a Madrid hace 9 años, el día de Halloween, y fue espectacular, vi a la gente disfrazada y bailando por la calle y me sedujo la fiesta madrileña, la alegría, y por eso yo creo que me quedé en Madrid. Quería

vivir en el centro de la ciudad porque siempre viví en el centro y quería conocer el mundillo, las galerías… Primero viví en Malasaña varios años y ahora llevo aquí en La Latina otros cinco.

¿El barrio tiene una influencia sobre tu obra?

Siempre hay una influencia del entorno: la gente que te rodea, la atmósfera, el clima… todo influye en la manera de pensar. Conceptualmente no creo que me influya tanto porque trabajo sobre el tema del feminismo y no sé si tiene que ver con la ciudad, tiene más que ver con lo visual y con la técnica.

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” Llegué a Madrid hace 9 años, el día de Halloween, y fue espectacular, vi a la gente disfrazada y bailando por la calle y me sedujo la fiesta madrileña”


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¿Qué interés tiene para el artista conocer a su público?

Me interesa conocer a la gente que me rodea, del barrio, de la ciudad, porque al final son las personas que consumen mi arte. Hace años que no tengo mucho interés en las galerías, me interesa más la relación con gente cotidiana y con los artistas que me rodean en el barrio.

¿Qué tipo de preguntas suele realizarte el 

público que te visita?

Me preguntan por el significado de mi obra y se ríen. Es muy bonito cuando explico mi obra a gente cotidiana y lo entienden, porque es cuando de verdad lo consumen. El arte contemporáneo en general, si está bien explicado, gusta mucho. Mi arte es muy conceptual y no se entiende a primera vista, por eso necesito este intercambio con el público.

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“El arte contemporáneo en general, si está bien explicado, gusta mucho”


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7 preguntas a Sara Oblišar


Si pudieras exponer una de tus obras en un lugar público del barrio, ¿cuál sería?

La Plaza de la Paja, porque tiene algo mágico.

¿Qué obra de arte existente te hubiera gustado realizar?

Un cuadro muy grande de Julian Schnabel que vi en Alemania

¿Qué gran proyecto tienes en el cajón y todavía no lo has sacado?

Un mural enorme de una vagina muy grande

Te ofrecemos un viaje al pasado, ¿qué época te gustaría visitar?

La década de los ochenta en Nueva York.

Si tuvieras que dejar tu disciplina por otra, ¿cuál sería?

El teatro, desde siempre.

¿Cuál es la última película / el último libro / disco que te gustó?

El libro “El amor es el diablo”, sobre la vida de Bacon, que escribió su novio y del que también hay una película.

¿En qué bar te podríamos encontrar por la noche?

El “4 latas” en Malasaña.

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“Me gustaría hacer un mural enorme de una vagina muy grande”


 

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Entrevista por Sébastien Rouyet – Fotos por Carlotta Escribano

Julia Rico Ortega

Julia Rico Ortega es la coordinadora de Habitar la Línea, un espacio situado calle Amparo en Lavapiés y dedicado a las artes plásticas. Promueve la creación y el uso del arte como elemento de transformación y mejora de nuestra realidad cotidiana. habitarlalinea.com

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Contadnos, ¿cuál fue el motivo que os llevó a abrir Habitar la Línea en Lavapiés?

JRO: La elección fue fundamentalmente personal, porque llevábamos viviendo aquí más de 10 años y el barrio nos gusta; estamos de alguna manera integrados en él y queríamos formar parte activa de la riqueza cultural en la que vivimos.

Y pronto comenzasteis a participar en

Los Artistas del Barrio…

Nosotros descubrimos Los Artistas del Barrio como visitantes, y nos pareció una oportunidad espectacular y mágica. Era alucinante la posibilidad que te daba el evento de llamar al telefonillo de tu vecino, subir a la casa y descubrir universos mágicos. Cuando empezamos con Habitar la Línea y vimos que podíamos participar como artistas, no tuvimos ninguna duda.

Habitar la Línea


“Era alucinante la posibilidad que te daba el evento de llamar al telefonillo de tu vecino, subir a la casa y descubrir universos mágicos”


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Por la parte que os toca, ¿qué interés supone para un artista conocer a su público?

Creo que, tal y como está la situación cultural ahora mismo en España, cualquier recurso que permita tener un pequeño escaparate e intercambiar unas sensaciones con el público es muy positivo. No es fácil acceder a galerías o a otro tipo de espacio para hacer una exposición, y los recursos económicos de los que disponen los artistas son muy escasos. Se trabaja de una manera precaria y casi podríamos decir que esa precariedad nos

convierte en amateurs.

Contadnos alguna anécdota sobre Los Artistas del Barrio.

Yo puedo destacar una con la que tuve la sensación de estar viviendo un momento mágico. No me acuerdo cómo se llamaba el artista pero sé que era su casa, una buhardilla en la calle Ave María. Cuando llegamos, la puerta estaba entornada. Entramos y era como una película de Almodóvar: todo hiperbarroco, lleno de color, de objetos, y él estaba sentado en una especie de “butaca-trono”.

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“Tal y como está la situación cultural ahora mismo en España, cualquier recurso que permita tener un pequeño escaparate e intercambiar unas sensaciones con el público es muy positivo”


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5 preguntas a Julia Rico Ortega


¿Qué obra de arte ya existente te hubiese gustado hacer a ti?

Me gustan mucho las performances de Santiago Sierra, cualquiera de sus obras me hubiera encantado. Me fascina el arte político de reivindicación social.

¿Qué gran proyecto tienes en el cajón que todavía no has sacado?

Quiero desarrollar más mi proyecto artístico personal que dejé en pausa después de que Habitar la Línea copase todo mi tiempo y energía. Se trata de un proyecto que tiene un componente político y social de reivindicación, un trabajo con pintura y dibujo que juega con el espacio. Siempre me ha interesado el tema de las instalaciones.

¿En qué siglo te hubiese gustado vivir?

Creo que vivimos un momento muy bonito ahora que estamos en plena resaca electoral. Quizás me quedaría donde estoy,

porque tenemos muchas posibilidades de seguir la lucha. ¿Echar la máquina atrás? Jolín, anda que no he sufrido, no sé si me gustaría.

Si tuvieses que dejar tu disciplina por otra, ¿cuál sería?

¡La danza! Estudié antes danza y no desarrollé esa línea. Si tuviera que volver a estudiar, quizás apostaría por ella.

¿Cuál es la última película / el último libro / disco que te gustó?

Estos dos últimos meses hemos hecho un ciclo que hemos denominado “Habitar el 15-M”. Proyectamos cuatro pelis relacionadas con movimientos sociales y las cuatro fueron fantásticas, pero la de Cecilia Barriga “Tres instantes, un grito” me parece una película extraordinaria. Cuenta tres instantes que se generan en el mismo momento: el 15-M en Madrid, la ocupación en Wall Street y la reivindicación estudiantil en Chile.

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“¿Echar la máquina atrás? Jolín, anda que no he sufrido, no sé si me gustaría”


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Entrevista por Sébastien Rouyet – Fotos por Carlotta Escribano

Eva Zaragozá

Eva es miembro fundador de la Asociación Cultural La Nevera de Lavapiés junto con Guillermo donde realizan una serie de talleres muy interesantes.  www.facebook.com/laneveradelavapies

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Lavapiés es un barrio donde confluyen muchos artistas ¿el hecho de que tu taller esté aquí es una elección o una casualidad?

EZ: En 2016 cumpliremos cuatro años en Lavapiés y no llegamos aquí por casualidad. Estuvimos mirando pisos por la zona y los alquileres estaban carísimos a la vez que mogollón de locales se estaban cerrando. Vimos una oferta que nos interesó, hablamos con el casero, que es encantador, y nos lo dejó a muy buen precio porque éramos artistas. Ese local se convirtió en mi primer estudio.

¿Crees que el barrio tiene una influencia sobre tu obra?

Tiene una influencia brutal, sobre todo porque doy clases y me gusta implicar a los alumnos con el barrio. Me gusta retratar a la gente de la calle Cabestreros. Cada vez se están abriendo más negocios aquí: de baile, el cubano de aquí abajo, las chicas de la Taquería, ahora han abierto lo del Zombie y otro que se llama la Casa de los Artistas. Quiero que mis alumnos no pinten a gente famosa, sino a la gente que vive en el barrio, entonces hay una implicación muy directa.

Y en mi trabajo personal también, el barrio es fundamental. Si estuviese en Plaza de Castilla por ejemplo, no sería lo mismo, lo veo inviable. Este barrio es muy cálido y acogedor. Dicen que es muy conflictivo pero, personalmente, nunca he tenido problema con la gente. No podría hacer este trabajo en otro lugar.

Es verdad que todavía el barrio tiene mala fama. Unos visitantes de Los Artistas del Barrio nos contaron que antes de participar en el evento pensaban Lavapiés era una zona peligrosa.

Efectivamente, algunos amigos míos me decían “¿Pero cómo vas a ir a vivir allí?” o “¿Cómo sales por allí de fiesta hasta las 6 de la mañana en el Candela? ¡Por favor, te va a pasar algo! ¡Te van a meter un electrodo por la oreja!” Nunca me ha pasado nada.

Personalmente, he visto mas peleas en Bruselas, mi ciudad natal, que aquí en Lavapiés.

Claro, quien viene se da cuenta que es una maravilla.

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“Quiero que mis alumnos no pinten a gente famosa, sino a la gente que vive en el barrio”


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Los Artistas del Barrio da al público la oportunidad de conocer al artista. Y desde tu punto de vista, ¿cuál es el interés para el artista de conocer a su público?

Normalmente en tu estudio sólo entran tus amigos y familiares. El hecho de abrir este espacio sagrado a otras personas, y que lo vean otros ojos, te permite ver tu trabajo en esos ojos; te aporta otras perspectivas. En general la acogida es estupenda y al ver a la gente tan entusiasmada, te quedas encantada también.

¿Cuál es la pregunta que más te hacen los visitantes de Los Artistas del Barrio?

“¿Cuánto tiempo llevas aquí?” Una cosa que pasa mucho en Lavapiés es que no sales de tu manzana y, de repente, descubres a otro artista que vive al lado.

Los Artistas del Barrio convocan también a otros artistas de tu zona que se sorprenden al darse cuenta que nunca te habían visto antes. De repente los artistas salen por todos lados, me encanta.

Con respecto a mi obra, lo que más me preguntan es “¿Qué quieres decir con esto?” [se ríe].

Cuéntanos una anécdota sobre Los Artistas del Barrio.

En la última edición en la que participamos, hicimos bodypainting. Vino muchísima gente y todos empezaron a desnudarse. Había personas que no conocíamos de nada y se empezaron todos a pintar, incluída yo. A las once de la noche desalojamos y nos fuimos todos pintados a tomar cervezas por Argumosa. Estuvo genial.

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“En la última edición en la que participamos, hicimos bodypainting. Vino muchísima gente y todos empezaron a desnudarse”


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7 preguntas a Eva Zaragoza


Si pudieras exponer una de tus obras en un lugar público del barrio, ¿cual sería?

Me gustaría intervenir en la plaza de Cabestreros. A veces he querido forrar la calle de papel para que podamos dibujar todos sin límite de espacio, que puedas correr con el lapicero.

¿Qué obra de arte existente te hubiera gustado realizar?

Nancy Spero tiene unas acuarelas preciosas.

¿Qué gran proyecto tienes en el cajón y todavía no lo has sacado?

Los grandes proyectos no se piensan se hacen. Estoy en ello. Engloba arte y educación repensando lo que los une, los separa y trabajando a diario en pequeñas fases. Me interesan los opuestos en este proyecto, los límites que separan lo que está dentro y de lo que está fuera del mundo del arte, la educación institucional y la no formal, lo legal e ilegal, el ciudadano político y la apología a la individualidad..

Te ofrecemos un viaje al pasado. ¿Qué época te gustaría visitar?

Me hubiera gustado ver el Machu Picchu con la gente habitándolo.

Si tuvieras que dejar tu disciplina por otra, ¿cuál sería?

Me gustaría ser música, pero soy fatal.

¿Cuál es la última película / el último libro / disco que te gustó?

“Roberto Alcázar, supongo”, de mi amigo Alberto Masa, y “Que no muera la aspidistra”, de George Orwell.

¿En qué bar te podríamos encontrar una noche cualquiera?

En el bar cubano “El Rincón de Marco” o en “La Taquería” de la calle Cabestreros, para que veas que no me muevo mucho de la zona. Si no, en cualquiera de las terrazas de la calle Argumosa, especialmente “La Playa” o  “La Revuelta”.

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“Me gustaría intervenir en la plaza de Cabestreros. A veces he querido forrar la calle de papel para que podamos dibujar todos sin límite de espacio, que puedas correr con el lapicero.”


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Entrevista por Sébastien Rouyet – Fotos por Carlotta Escribano